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jueves, 6 de agosto de 2009

Nueve de noviembre



Con aquella ignición se me reveló un secreto:
Ahora, y para siempre, el olor del tabaco será un buen presagio.
Me arrastra al ayer, a esos tiempos cubiertos de polvo,
en los que pactamos un amor infinito
a escondidas de un mundo que nos sacudía con cambios.

Qué alivio fue encontrarme, un día, en tus ojos.
Qué orgullo saberme irrevocablemente tuya.
Qué aliento hallo en tu irreverencia, en tu sencillez,
en el llanto sincero de un hombre que no se resigna ante el desconsuelo.

Compartimos tanto amor, pequeñas dosis de dolor,

pero a nosotros los huracanes no nos descomponen
sólo nos despeinan... así será siempre.

Eres todo lo que nunca entendí de mí, lo que más me gusta ser.
Tú, papá, eres mi paisaje favorito.

Qué alivio encontrarme una y otra vez,
hoy y mañana, en tus ojos,
estés o no estés
porque es un orgullo
saberme
irrevocablemente
tuya.

Si miro en tus ojos y piso tu suelo, todo va a estar bien.







Por favor enciende otro tabaco, hazlo por mí.

Infantiles: Enriqueta, línea recta

Ésta es la historia
de Enriqueta,
una línea recta
que quiso soñar.

Cómo le aburría
a la pobre Enriqueta
estar tan quieta
y sin jugar.

Pero un buen día,
mientras dormía,
algo muy raro
le sucedió.
Y es que la ingenua
no lo sabía
pero por vez primera
estornudó.

Se despertó muy asusatada,
y pronto algo descubrió.
Este estornudo que la agitaba,
su rigidez acabó.

Había quedado
bien despeinada,
de un lado al otro
desordenada.

Esta noticia
le emocionó,
a inventar
se aventuró.

Se convirtió en escalera,
cada peldaño trazó,
subió, bajó, y cuánto gozó
la línea dicharachera.

Y ese fue el comienzo
de un juego sin fin
Enriqueta pinta un lienzo
con las formas de un delfín.

Se hizo cometa
y el cielo cruzó
luego se enderezó
para hacerse princesa.

¡Qué sorpresa!
se hizo sombrero,
y sin mayor esmero
cambió de faceta.

¿Un planeta?
un pajarito,
o una manzana
era Enriqueta.

Pero entre gusanos,
flores hermosas
y otro montón de cosas,
algo empezó a fallar.

Enriqueta no pudo
su imaginación parar
y así fue como su juego
la hizo enredar
en un inmenso garabato
capaz de espantar.

"¡Dios mío! ¿Qué he hecho?
al verse preguntó,
"He quedado atorada
sin forma ni color"

Con mucha paciencia
y dedicación,
Enriqueta, poco a poquito,
del embrollo se safó.

Qué alegría, el juego no había terminado,
la línea sigió trazando sus fantasías,
pero esta vez con muchísimo cuidado.

Y mientras se cree estrella
esa Enriqueta que alguna vez fue recta,
dibujemos mil cosas bellas
en la mente y el corazón,
donde hay espacio para cada línea,
cada forma,
cada canción.

Santa palabra

"Yo vivo en

perpetua

lírica

infinitesimal."
Miguel de Unamuno