Con aquella ignición se me reveló un secreto:
Ahora, y para siempre, el olor del tabaco será un buen presagio.
Me arrastra al ayer, a esos tiempos cubiertos de polvo,
en los que pactamos un amor infinito
a escondidas de un mundo que nos sacudía con cambios.
Qué alivio fue encontrarme, un día, en tus ojos.
Qué orgullo saberme irrevocablemente tuya.
Qué aliento hallo en tu irreverencia, en tu sencillez,
en el llanto sincero de un hombre que no se resigna ante el desconsuelo.
Compartimos tanto amor, pequeñas dosis de dolor,
pero a nosotros los huracanes no nos descomponen
sólo nos despeinan... así será siempre.
Eres todo lo que nunca entendí de mí, lo que más me gusta ser.
Tú, papá, eres mi paisaje favorito.
Qué alivio encontrarme una y otra vez,
hoy y mañana, en tus ojos,
estés o no estés
porque es un orgullo
saberme
irrevocablemente
tuya.
Si miro en tus ojos y piso tu suelo, todo va a estar bien.

